Bruno tenía un conflicto. Por un lado, estaba agradecido por haber organizado clases de lucha para Sofía, pero por otro, no quería ponerla en peligro sólo porque supiera luchar.
—¿Así que dices que aceptarás el reto? —preguntó, con el tono nublado por la preocupación.
Sofía asintió.
—Por supuesto. El señor León se sentiría humillado si no lo hiciera.
—Pero ¿y si...?
—No tienes por qué preocuparte, papá. Sé cómo protegerme. Además, estos desafíos no suelen ser a muerte. —Por supuesto, eso no si