—Sé que te gusto, Paulina, pero, por favor, entiéndelo, tú a mí sólo me gustas como hermana —repitió Eric como si fuera él el agraviado.
Ahora que había visto lo gilipollas que era Eric, cualquier sentimiento persistente que tuviera por él se había disipado por completo.
—¡Espera un poco, gilipollas!
Se aseguraría de que Eric pagara por tratarla como a una idiota enamorada...
Mientras ella se alejaba, Eric no podía evitar preocuparse por su estabilidad laboral.
Al fin y al cabo, el padre de Pau