—¿Tú qué crees? —Julio enarcó una ceja, sonriendo satisfecho.
¿Por qué iba a esforzarse tanto si no era también por ella? Le preocupaba su salud. ¿Por qué si no iba a ser cocinero siendo el señor César?
Sofía sonrió y se acercó.
—¿Puedo ayudar en algo? No sé cocinar, pero puedo lavar cosas.
—No pasa nada. Puedes llevar los platos a la mesa. Terminaré en un minuto.
No quería que Sofía se ensuciara las manos.
Ella asintió:
—De acuerdo.
—Ten cuidado. No te quemes—dijo Julio preocupad