Sofía entendió las palabras de Julio, pero aun así se sintió molesta.
—Puede ser. Es que no puedo aceptarlo tan rápido.
—Tómate tu tiempo. No te lo tomes demasiado en serio—dijo Julio.
Después de fregar los platos, Sofía se sentía cansada. Miró a Julio, que seguía en el salón, y le preguntó: —¿No te vas?
—Es muy tarde. ¿No me vas a dejar pasar la noche? —dijo sonriendo.
—¿Tú que crees? —levantó las cejas y apretó los puños como si fuera a atacar en cualquier momento.
Dio un paso atrás