—¿Qué hacen ahí parados? ¡Sálvenlo! —rugió el jefe del pueblo a los espectadores, y todos se pusieron a trabajar de inmediato.
La escuela había quedado aún más sepultada bajo los escombros después de que las rocas de la réplica se amontonaran sobre ella. Los aldeanos no podían moverlas con las manos, necesitarían la ayuda de maquinaria más grande.
Incluso cuando los aldeanos dejaron de excavar, Sofía siguió apartando rocas hasta que le sangraron los dedos. Continuó como si no sintiera ning