Alejandro decía la verdad. Julio pensó que tenía sentido. Su enfado por haber sido ignorado por Sofía se disipó poco a poco.
Sonrió satisfecho
—¿Ah, sí? Bueno, ¿qué debo hacer, según tú?
—No mucho. El tiempo dirá —dijo Alejandro.
—¡Habla en un idioma que yo entienda!
—Lo único que digo es que, mientras no te rindas, seguro que algún día consigues conmoverla— dijo Alejandro, sonriendo secamente.
—¿Ah, sí? — para Julio el corazón de Sofía era de piedra. Por mucho que lo intentara, no p