—Es cierto, pero aún así te agradezco que le hayas salvado la vida. — Y añadió—: Soy Felipe Díaz. El hombre que está ahí es mi padre.
—Sofía.
Él le había dado una buena impresión . Además, la operación había sido un éxito. Estaba relajada.
—Señorita Sofía, ¿le importaría contarme con detalle el estado de mi padre? —preguntó Felipe un poco apenado.
Sofía asintió y le hizo una seña para que la siguiera.
—Sí. Sígame al consultorio.
Como médico, era su deber explicar la situación de un