MAGGIE
Para cuando Diego empieza las vacaciones la habitación de invitados ya está practicamente como solía estarlo antes de él. Vacía, sin vida. Casi me echo a llorar cuando me asomo.
—¡Margaret! Vamos, no me jodas, ¡no tenemos todo el día!
He empezado a sentirme muy sola en casa. Mis padres casi ni se hablan, discuten más ahora que Diego no está cerca; así que yo me veo refugiada bastante amenudo cogiendo el autobús para ir a su casa con él. Dice que no le molesta, que le gusta verme por allí