DIEGO
No sé en qué me estoy convirtiendo, o en quién, pero me gusta. No es que haya dejado de ser un impulsivo de mierda, ni que el peso del mundo haya desaparecido de mis hombros. Pero cuando estoy con Maggie, las dudas que suelo arrastrar parecen menos importantes. Más simples de superar.
—Se os ve felices —dice Shannon.
Hemos llegado de la playa hace un par de horas, a tiempo para cenar aquí en su casa, y de no ser porque Maggie se ha pasado toda la velada hablando, el silencio habría sido i