MAGGIE
A pesar de su rabieta estúpida, aquí estamos. Ha plantado el culo en el hueco a mi lado y finge que no pasa nada cuando en realidad está tenso como una cuerda.
El bar es pequeño, con mesas de madera desgastada y una iluminación cálida que intenta —sin mucho éxito— darle un aire acogedor. La música suena a un volumen lo suficientemente bajo como para mantener una conversación, pero lo suficientemente alto como para cubrir los silencios incómodos. Entre eso y los olores... No me sorprender