DIEGO
El olor a café me despierta, estoy a punto de tener un infarto cuando bajo corriendo las escaleras, pero sólo es Maggie. ¿Por qué coño esto me decepciona? No esperaba que de verdad... Joder. Soy un puto desastre.
—He encontrado café —dice, y me desliza una taza que debía ser para ella—. Es algo tarde, ¿quieres que nos quedemos aquí hoy también?
Miro el reloj colgado de la pared, le cuesta mover las agujas y se lo arreglé mil veces a mi abuela. A duras penas marca las doce de la mañana. M