MAGGIE
La idea de ducharnos juntos parecía simple y rápida, y no ha sido ni simple ni mucho menos rápida. He echado a Diego del baño hace un rato, para no levantar sospechas, y ahora, mientras me seco el pelo con una toalla, vuelve a llamar a la puerta con los nudillos.
—¿Qué pasa? —dudo.
Se ha vestido, con unos pantalones de chándal grises y una sudadera negra. El pelo todavía le gotea un poco y está guapísimo. Yo sigo enrollada en una toalla blanca que a penas me cubre.
Me doy cuenta de que