La mañana siguiente amaneció tibia y silenciosa. Céline se despertó primero, aún desnuda bajo las sábanas. Al notar que Kilian seguía dormido, se incorporó y lo observó unos segundos. Su respiración tranquila, la mandíbula relajada, la línea de su espalda al descubierto bajo la luz suave. Había algo vulnerable en él esa mañana… y también algo profundamente deseable.
Ella se acercó, lo besó en la nuca y deslizó la mano bajo las sábanas, con una intención clara. Kilian murmuró algo, medio dormido