Alina no era tonta. Siguió hablando de rutas marítimas, de coordenadas seguras y protocolos de salida, pero no dejó de observarlo.
La forma en que él evitaba sostenerle la mirada. El leve desajuste de su camisa, como si se hubiera vestido deprisa esa mañana. El olor tenue a perfume de mujer que no era suyo.
Lo supo.
Kilian se había acostado con Céline.
Sintió una punzada de celos. Fría. Precisa. No por amor. Sino por control. Porque algo que había domado con tanta maestría ahora se le deslizaba