Esa noche, en la cena familiar, el ambiente fue tenue pero cálido. La mesa larga de la mansión se había convertido en una especie de refugio temporal. Agnes servía sopa caliente mientras Yvania comía sentada en el regazo de Madeleine, que la acariciaba en silencio, como si su nieta fuera la única cuerda que la anclaba a la realidad. Clarisse supervisaba todo desde el otro extremo, serena como siempre.
—Solange —dijo Clarisse con una media sonrisa fatigada—, me temo que tus servicios serán bie