Capítulo 14.3
Pero el imbécil de Renzo empezó a tocar la bocina del carro.

—Imbécil —dijimos los dos al mismo tiempo y reímos.

—Me tengo que ir —nos separamos—. Cuídate, hasta que nos entreguen los exámenes. Estás enferma, vengo a la hora del almuerzo, hazle caso a tu tío.

—Sí, papi —dije, volteando los ojos, porque parecía un papá dando órdenes.

Se acercó peligrosamente a mí y puso su mano en mi cuello, apretando sin hacer daño.

Su boca tocaba la mía levemente.

—Para ti soy tu señor —apretó un poco más mi c
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