No digo nada.
Es el instinto correcto y lo sigo. Porque la expresión que tiene Dominic en este momento no necesita palabras. Necesita espacio. Ese espacio concreto y difícil que siente una persona al enfrentarse a la posibilidad de que alguien a quien ama sin reservas haya hecho algo imperdonable.
Se despega de la pared y camina hacia la ventana al final del pasillo. Se queda de pie, de espaldas a mí, con las manos en los bolsillos, y mira hacia los jardines durante un largo rato.
Le doy treint