–¡Acabó de llegar a casa! ¿Ya vienes para acá? –Scott preguntó con el teléfono en alta voz en una llamada con Alice, mientras aparcaba el coche en la entrada de la mansión Hoffman, donde ya se había instalado.
–¡Sí cariño en nada llego! Aunque en mi humilde opinión la casa está un caos por las obras y creo que estaríamos más cómodos en mi casa. –Alice contestó con una sonrisa de condescendencia. –Pero si lo que quieres es intimidad, no deberías preocuparte por Aaron y Sony, recuerda que tienen