DAMIÁN
El aire de la mañana entra fresco por la ventana de mi habitación, pero no es suficiente para despejar el torbellino de pensamientos que se ha instalado en mi mente desde anoche.
No dejo de pensar en Emma, en ese beso que compartimos. Su sabor, su calor, todo de ella sigue tan vívido en mi memoria que apenas puedo concentrarme.
Es como si mi cerebro estuviera dividido: una parte enfocada en el plan para atrapar a Tomás, y otra, más insistente, pensando en cómo recuperar por completo a