EMMA
El silencio en el apartamento es sofocante, roto solo por el leve murmullo de Melissa mientras prepara café en la cocina.
Luna duerme profundamente en su Corral, y yo me encuentro junto a ella, incapaz de quedarme quieta.
Mis manos tiemblan mientras las entrelazo, tratando de calmar los nervios que me recorren como una corriente eléctrica.
—Emma, debes relajarte —dice Beatriz en voz baja desde el sillón, aunque su expresión traiciona la misma tensión que yo siento. —Todo saldrá bien.