32. Como si no existiera un mañana...
Alejandra se encerró en su caparazón, ya no quería hablar con él porque estaba convencido de su propia verdad; dijera lo que dijera, no le iba a creer porque el resentimiento había invadido su corazón...sabía que no estaba dispuesto a escucharla aunque así lo manifestara porque solo oía la voz de su razonamiento...y ese razonamiento estaba convencido que ella era culpable. ¿Culpable de qué? ¿de seguir con su vida después de abandonarla? o ¿de seguirlo amando?..
Felipe permaneció sentado a su lad