—Limpien toda esta mierda — ordenó Royce una vez terminó de sacar toda su furia en mí—. Vámonos, hijo de puta — agarró a Wesley por debajo de los brazos, y lo detuve con la poca fuerza que aún me quedaba.
—¿A dónde lo lleva? — musité, aferrándome de su mano.
—A darle el mejor de los premios por ser tan buen hermano, faltaba más.
Mi corazón seguía cada segundo más rompiéndose por dentro. Verlo tan pálido y casi sin fuerza, me da a entender que el disparo que recibió afectó más de la cuenta. No f