Nunca había sentido un deseo tan fuerte como el que me está corriendo por debajo de la piel ahora mismo. Sus labios tienen una suave y deliciosa textura que me siguen invitando a seguir probándolos. En dos besos, su boca se ha convertido en una adicción.
—¿Para qué soy bueno? — me separé de su boca por obligación.
—Para muchas cosas, pero en especial... — se quedó viendo mi camisa y frunció el ceño—. ¿Por qué estás manchado de sangre? ¿Estás herido?
Bajé la vista a las manchas y esa imagen de l