Los besos subieron cada vez más de intensidad, más cuando podía apretar y estrujar entre mis manos el divino poder que me tiene desde el primer día hechizado. De camino a su habitación la casa se me hizo mucho más grande de lo que de por sí ya es, por lo que aturdido por el deseo la llevé hacia mi oficina y la senté en mi escritorio sin la intención de separarme de sus labios. Su boca es un imán, sus besos son exquisitos.
Me separé de su boca y contemplé sus labios hinchados por nuestros prolon