Alaric

Me quedé muda por un rato, con el teléfono en la mano que decía: tuh, tuh. ¿Un vigilante? ¿Quién era y por qué quería hablarme en un lugar tan desolado a esas horas?

Me aclaré la garganta y puse de nuevo mi teléfono en el bolsillo, y fui a tomar de

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