Romina
Antes de que traigan el carro de mi esposo, esta mujer nos alcanza y lo toma del brazo haciéndome a un lado.
—Aun no puedes irte, aun quiero presentarte algunos amigos que podrían ayudarte en lo que necesitas. —Tiene que ser una broma.
—Puedes llevarlos a la empresa el lunes. Me siento muy cansado. —¡Ja! y en tu cara.
—Pero… —Le da un beso en la mejilla y agradezco que sean tan rápidos aquí. Me abre la puerta del copiloto y me adentro al vehículo.
—Cielo, no te puedes ir. — Dice un poco