Narra Romina
—No digas nada. No era nuestro destino. —Y eso es algo que debería de aceptar, más mi corazón me pide lo contrario.
—Te amo. —Me da un casto beso y se va, dejándome con el corazón acelerado a mil x hora. Y con lagrimas que amenazan con salir una vez más.
—¿De verdad pensaste que te quedarías con él? —Sale la tal Claudia de las sombras y me mira con frialdad.
—Nos amamos. —Le digo sin dejar de mirarla. No le tengo miedo.
—Pobre ilusa. Él sólo se quería divertir contigo. —Es una desg