El doctor me acompaña a recepción, dónde me indican para que firme, mientras terminan de colocarle a Isabella, vía intravenosa, el suero para hidratarla. Luego, me acompaña de vuelta a la habitación donde está ella, quien me espera en una silla de ruedas. Isabella me ve, y me sonríe con dulzura. Yo me acerco a ella, y le doy un beso en la mejilla.
—. ¿Podemos irnos ya?
— Sí, podemos irnos — le digo —. El doctor nos ha dado el alta.
Nos despedimos y salimos del hospital. Subimos al coche, y nos