— No puedo creer que hayas venido, beba — susurro incrédula mientras la abrazo con fuerza. Lágrimas de alegría caen por mis mejillas mientras me embarga la emoción y la sorpresa.
— Lo sé, Tita, yo tampoco puedo creerlo — dice Tania.
— ¿Qué haces aquí? — pregunto mientras me separo un poco para verla a los ojos.
— Vine a sorprenderte, Tita. ¿No lo esperabas? — contesta con una sonrisa que ilumina su rostro.
— No, en definitiva no lo esperaba. Pero ¡gracias, gracias por venir! — respondo emociona