Subimos al auto y el mareo ha disminuido un poco. Al cabo de un rato me siento mucho mejor, aunque todavía no he recuperado todas mis fuerzas. Adrien continúa analizándome con atención, al pendiente de mi estado. Su actitud me confunde, ya que ahora es más atento y cariñoso, a diferencia de su actitud fría y distante durante el viaje.
— No has comido nada, voy a pedir algo para que cenemos cuando lleguemos — dice mientras aprieta mi mano — ¿Qué te apetece comer, mi amor?
Me quedo mirándolo, aún