Con mis ojos, firmemente cerrados bajo el velo de mis párpados, percibo el suave aliento que, como una brisa de seda acaricia mi mejilla y se desliza hasta adentrarse en mi oído; allí, entre el eco palpitante de mi pecho, escucho el susurro mudo de un deseo, dónde resuenan las palabras que mis labios atesoran y el anhelo infinito por el beso que solo en sueños puedo robarle.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta abrir mis ojos. Al hacerlo, noto que está sentado, erguido y observándome, esperand