Luego de despedirnos de mis padres, volvimos al Penthouse. Me sentía algo abrumada con todo lo que estaba pasando. Miraba a Adrien manejar, deteniéndome en su perfecta mandíbula y la línea recta de su nariz. Sus cejas, su frente despejada, su cabello perfectamente peinado. No dejaba de ver lo atractivo que era y pensar que iba a ser completamente mío. Suelto un suspiro y Adrien se gira, con una sonrisa traviesa.
— ¿Qué pasa, princesa? ¿Sueñas despierta? — Me pregunta, con un tono seductor — ¿Es