LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRE
Capítulo 46: El Manantial de los Deseos
El estruendo de la batalla y el brillo antinatural de las máquinas se desvanecieron, dejando tras de sí un silencio sobrecogedor que solo el murmullo del agua recién nacida se atrevía a romper. Las aguas termales, brotando de las entrañas de la meseta tras el colapso del búnker, llenaban el aire con un vapor cálido y perfumado a tierra húmeda y minerales antiguos. Gabriel, sentado al borde de la nueva laguna natural, observaba