El descenso por los túneles que nacían bajo Le Phare Maudit fue una transición hacia un mundo donde la luz y la moralidad de la superficie dejaban de tener sentido. La oscuridad no era vacía; era espesa, líquida, cargada con el aliento de los siglos y el eco de las mareas que golpeaban contra los cimientos de Marsella. Aura Valente sentía la humedad filtrándose en sus botas, un frío persistente que contrastaba con el calor febril que todavía emanaba de Gabriel mientras la guiaba por aquel laber