El amanecer en los Alpes no llegó con una explosión de luz, sino con una filtración gradual de tonos grisáceos y azulados que devolvieron la forma a un mundo que la noche había borrado. Bajo la manta térmica, en el nido improvisado que habían construido sobre la nieve endurecida, el calor compartido entre Aura Valente y Gabriel Vance era una resistencia física contra la muerte. Aura se despertó sintiendo el peso de la cabeza de Gabriel contra su hombro y el ritmo de su respiración golpeando sua