El interior del camión de Jean-Luc era un microcosmos de sombras, polvo y el aroma penetrante a lona vieja y aceite de motor. El traqueteo rítmico del vehículo sobre las carreteras secundarias de los Alpes Marítimos creaba una vibración constante que Aura sentía en la base de su columna, un recordatorio físico de que su vida anterior, la de los jets privados y las sábanas de seda de mil hilos, había quedado reducida a este espacio angosto y precario. Sin embargo, en medio de la incomodidad, Aur