Hombre cínico.
—¿Estás enferma, Caroline? — preguntó el infante mostrándose ansioso, e hizo algo que a Isabella le estrujo el corazón, que fue acunar su cara entre sus pequeñas manos y la miró fijo antes de pedirle con ojos aguados:
— No te enfermes, porque yo te necesito sana, antes de conocerte estaba muy solito y no te quiero perder.
A ella esa aclaración le causó ganas de llorar y tuvo que tragarse sus propias lágrimas, e hizo todo un esfuerzo para no permitir que salieran de sus cuencas.
—Ya estoy mejor