Cuentas pendientes.
Suponiendo que no tendría que compartir el auto con Maximiliano y su prometida, Isabella soltó un resoplido de alivio expulsando el aire que había reprimido al tener que estar bajo la presión de cumplir con los mandatos de Maximiliano, quién se estaba aprovechando de que ella es una asistente.
Cuando estaba colocando al niño dentro del coche en su silla le costaba ponerle el cinturón de seguridad, suponiendo que había quedado bajo el cuerpo del infante, y con el fin de no despertarlo trataba d