C85 - Otra mujer, maldita sea.
La tensión en la mansión era palpable. Francisca, al ser ignorada deliberadamente por su hijo, sintió la frustración apoderarse de ella, por lo que gimió de dolor de repente.
— Oh, no me siento bien — murmuró, cayendo al suelo y fingiendo dolor en su pecho —. Gabriel, mi muchacho.
— Madre, ¿estás bien? ¿Qué tienes? — preguntó Gabriel, su voz cargada de preocupación.
— Solo un poco de cansancio, hijo — respondió Francisca, tomando su mano con suavidad.
Gabriel inmediatamente la levanto y acostó