C38 - Fuego.
Eva entró al elevador, frunciendo el ceño al ver que el botón del piso donde vivía ya estaba iluminado.
— ¿Será posible? — murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Decidió actuar con precaución y, antes de que las puertas se cerraran completamente, ingresó el código de acceso y puso su huella digital. El dispositivo emitió un pitido satisfactorio, y las puertas se cerraron.
Cuando el elevador comenzó a ascender, Eva sintió cómo su corazón latía con fuerza.
«O sea,