POV de Mathilda
El sonido de los neumáticos del SUV de Antonio alejándose sobre la grava de la entrada fue el último clavo en mi ataúd de seda. Me quedé de pie en el gran ventanal del salón, con los dedos entrelazados con tanta fuerza que los nudillos me blanqueaban. Antonio se había ido. Mi único aliado, el hombre que me miraba como a un ser humano y no como a un trofeo quirúrgico, ahora era un fantasma en el exilio.
Enzo lo había hecho de nuevo. Había cortado mis alas justo cuando empezaba a c