POV de Enzo
El silencio del amanecer en Manhattan tiene un peso metálico. Estoy sentado en mi despacho, con la penumbra de la habitación apenas rota por el resplandor azul de tres monitores. Mi hombro me arde, un recordatorio punzante de que la fragilidad humana es una molestia necesaria, pero mi mente está más afilada que nunca.
—¿Lo ves, Marcello? —pregunto, señalando una línea de código que parpadea en rojo—. Hubo un acceso anoche. Dos de la mañana. Mi firma digital, mi pulgar... pero la dir