POV de Mathilda
La mansión Smith nunca se había sentido tan fría. El mármol bajo mis pies, que alguna vez representó la seguridad de mi infancia, ahora se sentía como la superficie de una tumba. Cada retrato en las paredes parecía seguirme con la mirada, juzgando la piel extraña que cubría mis huesos, el rostro de Elena Voss que Enzo había esculpido con la precisión de un psicópata enamorado de su propia obra.
—¿Dónde estás, Bren? —susurré, y mi voz se perdió en la inmensidad de la biblioteca.
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