Agnes tiró con más fuerza del cabello de Alaia, acercando su rostro al de ella hasta que sus labios casi se rozaron.
—¿Mentiras y manipulaciones? —murmuró con una dulzura venenosa—. Eso suena a celos. Tú, tan recta, tan moral, siempre tan digna, ¿dónde te ha dejado eso? Atada y sola, mientras el mundo sigue girando sin ti.
Alaia respiró con dificultad, el dolor punzante recorriendo cada fibra de su cuerpo. La rabia bullía en su interior, pero la impotencia era aplastante.
Intentó ignorar la ce