La habitación del hospital estaba en penumbras, iluminada solo por la luz tenue que se filtraba desde el pasillo. Nolan yacía en la cama, pálido pero firme, con los ojos cerrados mientras escuchaba el bullicio de quienes le rodeaban.
Alaia se mantenía a su lado, negándose a apartarse de él. Liam, apoyado contra la pared, observaba con el ceño fruncido la interacción entre ellos sin decir nada, pero la incomodidad en su postura era palpable.
—Todos, fuera —dijo Nolan con voz ronca, abriendo lo