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Nolan observaba a Alaia mientras vendaba una de sus heridas. A pesar de que sus manos se movían con destreza, había algo en ella que no cuadraba.

Sus heridas no sanaban tan rápido como deberían, al menos no para una loba. Era un detalle que, bajo otras circunstancias, podría haber pasado desapercibido, pero en ese momento, Nolan no podía ignorarlo.

—Es curioso —murmuró, su tono era casual, pero sus ojos estaban atentos a cada gesto de ella—. Tus heridas no sanan tan rápido como las de otras l
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