Apenas Alaia cruzó la puerta, la tensión explotó en la habitación como una bomba.
Liam, incapaz de contener su furia, comenzó a romper todo a su alrededor.
Volcó sillas, rompió una lámpara y lanzó un jarrón contra la pared, sus respiraciones entrecortadas, como si cada objeto roto pudiera aliviar el dolor que sentía.
—¡Basta! —gritó Nolan, dando un paso adelante—. Estás actuando como un animal. ¿Crees que esto solucionará algo?
Liam, con el rostro enrojecido, lo miró con rabia en los ojos.