Nolan recorrió la casa con pasos lentos, sintiendo el peso de la despedida que se avecinaba. Sabía que no debía alargar su estadía, que ver a los niños solo haría las cosas más difíciles, pero no podía irse sin decirles adiós.
A través de la tenue luz de la noche, se encontró con Alaia. Ella lo esperaba en el umbral, mirándolo con una mezcla de nostalgia y una cortesía fría que él entendía perfectamente.
Habían acordado ser cordiales, mantener todo lo más civilizado posible para que ese últim