La tristeza se apoderaba del rostro de Alaia, oscureciendo su belleza mientras caminaba lentamente hacia su destino incierto. Cada paso que daba hacia su decisión final la llenaba de dudas y dolor.
Hacía frío, y las paredes de piedra parecían susurrar recuerdos de un pasado reciente, recuerdos que ella no quería llevar consigo, pero que se aferraban a su alma.
Sabía que estaba por romper algo en su interior que, tal vez, nunca se volvería a reparar. A pesar de ello, había hecho una promesa. Un