Capítulo 52.
-Ahora, ¿Crees que podamos dormir?
Asentí pero fruncí el ceño. Él rodó los ojos.
-¿Algo más?
-¿Mis gemidos sonaban falsos?
Fue su turno de parpadear y luego echarse a reír.
-Duerme, Vomi. Deja de preocuparte por tonterías.
Hice un puchero pero cerré obedientemente los ojos.
Lo sentí volver a pasar su brazo por mi cintura antes de quedarme dormida.
El gruñido del Alfa Supremo me despertó de mi sueño profundo.
-Largo, nadie puede verla desnuda más que yo.
-Lo... lo siento, Alf